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18 dic 2010

El 'Colsazo'

Tras 95 años bailando con la más fea, dejándose la piel en campos de barro de Tercera y Segunda División B, luchando por ascender a Primera, y por mantenerse ahí, los racinguistas prácticamente habíamos olvidado lo que era una temporada de éxito. Fracasos sonados, descensos, partidos malos y aburridos, eran la tónica habitual de un equipo que salvo alguna contada ocasión, ni tan siquiera daba sustos a los grandes. La temporada 2007/08 fue, para todo racinguista, como un oasis en mitad del desierto de Gobi. Algo increíble. Una temporada n la que se alcanzaron por primera vez las semifinales de Copa del Rey, y en la que se consiguió el acceso a competición europea por méritos propios. Las lágrimas que muchos de nosotros derramamos en aquella victoria sobre Osasuna en la última jornada, estaban más que justificadas.






Al año siguiente, nerviosos, expectantes, ilusionados como un niño que ve por primera vez un truco de magia, vimos nuestra clasificación en la eliminatoria previa, eliminando al Honka Espoo finés.Vimos como nuestro entrenador (el malogrado Juan Ramón López Muñíz), tiraba el primer partido en Holanda, ante el Twente, quizás el partido más fácil de la liguilla, por hacer experimentos y reservar a jugadores importantes, como empatamos ante Schalke 04, y la próxima parada, anteúltima de la liguilla, sería en el mítico Parque de los Príncipes de París, ante el Paris Saint-Germain.

El Racing llegaba apurado para obtener la clasificación para las eliminatorias. Necesitaba ganar al equipo francés, y esperar que el Twente no lo hiciera para asegurarse la clasificación. Partido histórico para los santanderinos, con 4.000 desplazados a la ciudad de la luz, pese a ser un día entresemana, y el mal tiempo predominante. El partido comenzó horrorosamente para el Racing, con un juego intimidado por las circunstancias, y graves errores defensivos que propiciaron los dos goles del PSG. La cosa pintaba mal. Ahora eran 3 goles los que necesitábamos para clasificarnos. Aún en la primera parte, se acortaron las distancias en el marcador, merced a un cabezazo de Garay tras un saque de falta. Y desde ese momento, tensión. 

Tensión porque al Racing se le veía capaz de empatar o incluso ganar al PSG, pero no creaban peligro en exceso a la portería francesa. Hasta ese mágico momento para el racinguismo. Ese pase al hueco en horizontal, esa carrera de Gonzalo Colsa, ese golpeo al balón, ese efecto, y esa escuadra.Y el júbilo en las gradas y en todas las calles de Santander. Abrazos, alguna lágrima que otra, y mucha fiesta. Algun opción teníamos de pasar a la final, lo cual era motivo suficiente de celebración después de tanta derrota y fracasos.

El partido terminó con empate a dos, sensación de júbilo por la importancia de la cita y haber dado la cara. Orgullosos de ser verdiblancos. Y, además, también se vivió otro momento histórico, este control estratosférico de Jorge Gonçalves. Canela fina.

11 oct 2010

Racing 5 - 4 Athletic




Corría el año 2007. 1 de abril. Comenzaba la parte decisiva de la temporada, en la que el equipo dirigido por Miguel Ángel Portugal aún soñaba con aquella quimera que era el participar en competición europea. El equipo verdiblanco, con el 'Dúo Sacapuntos' (Zigic y Munitis) en pleno auge, pretendían prolongar una buena racha deportiva, y definitivamente presentar candidatura a los puestos de arriba, mientras que el Athletic visitaba El Sardinero inmerso en una crisis deportiva que le hacía estar acariciando los puestos de descenso, de los que no se salvó hasta casi finalizada la temporada. 

El ambiente en 'El Sardinero' era fantástico, como en todos los partidos de esta índole, con mucha rivalidad no sólo deportiva, si no también política y social. Las gradas a rebosar, con gran número de aficionados visitantes (cerca de 4000 bilbaínos poblaban las esquinas sureste y suroeste del campo) y llenas de color con banderas verde y blancas y rojiblancas. Los típicos cánticos de esta clase de partidos comenzaban a aflorar, sobre todo por parte racinguista, quienes por una vez, veían el partido relajados, sabedores de que ese año no habría problemas a final de temporada. Sin embargo, los seguidores vasos si se encontraban algo más dubitativos, debido a la falta de costumbre de andar en el alambre sin red de seguridad.

Sin embargo, una vez comenzó el partido, las cosas se dieron la vuelta rápidamente. En el minuto 7, y merced a una falta directa lanzada por Luis Prieto, que rebotó en la barrera y despistó a Toño, y marcó el primer gol del partido. Los seguidores del 'Botxo' estallaban de júbilo, mientros que los racinguistas caíamos en una depresión de la que dudabamos si íbamos a ser capaces de salir en menos de 80 minutos. El resto de la primera parte pasó sin más pena que gloria, con muchos nervios, mucho intento de controlar el juego, y con pocas ocasiones. Los bocadillos hicieron su aparición en las gradas, y muchos de los allí presentes ya teníamos la sensación de que aquél iba a ser mejor momento de la tarde. Pero que equivocados estábamos. Todos nosotros. Y la afición rojiblanca también.

La segunda parte comenzó con mucho más ritmo, muchas más ocasiones, y, en un corner, en el minuto 58, Cristian Fernández (en su primer año en la primera plantilla) remataba en el primer palo un corner botado por Pedro Munitis, que alojaba el balón en las mallas. El partido estaba empate, y la parroquia santanderina rebosaba de emoción y éxtasis ante la más que posible (ahora sí) opción de ganar ese partido, y poder aspirar a algo más por una vez en nuestras vidas. Sin embargo, poco iba a durar la alegría, pues en el minuto 62, Joseba Etxeberría volvía a adelantar a los 'leones' con un tiro desde dentro del área tras un desajuste defensivo racinguista. Las esquinas rojiblancas del campo saltaban y se burlaban de los racinguistas que asistíamos a aquel desastre, y que apenas 3 minutos nos las dábamos muy felices. 

Sin embargo, como dice mi abuelo, la risa va por barrios, y tres minutos después del 1-2, Luis Prieto hacía un absurdo penalty a Óscar Serrano, quien prácticamente había perdido ya el control del balón. El encargado de lanzar el penalty sería nuestro especialista, Ezequiel Garay, quién, como siempre, lanzaría de potente disparo a media altura y a la derecha del portero, estableciendo el empate a dos en el marcador. Y, para más euforia, cuando apenas había dado tiempo a sentarse tras celebrar el empate, un estratosférico centro de Balboa (algún día escribiré sobre este chaval) rematado por Zigic de cabeza, adelantaba al Racing tres a dos, enloqueciendo a la grada, y haciendo que más de uno se tuviera que frotar los ojos por el trepidante ritmo del partido. Y a punto de haber más de un infarto en la grada estuvimos cuando en el minuto 77 de partido, entre Iraola (en propia puerta) y Zigic marcaban el que parecía que sería el resultado final de 4-2.

Pero de nuevo, la defensa del Racing volvió a hacer gala de su blandura, permitiendo dos minutos después del gol en propia de Iraola, marcar al Atheltic y establecer el 4-3, de nuevo con un Joseba Etxeberria peligrosísimo, quien tras un control fabuloso en el área, marcaba por bajo. Los nervios volvían a aparecer, esta vez opr todo el campo. En unos, por poder rascar algo en campo rival. A los otros, por no perder lo que se había conseguido con sangre, sudor y lágrimas. Y, de pronto, la hecatombe. En el minuto 82, tras un barullo en el área racinguista, Iraola remata a la red de potente disparo, ante el júbilo de los bilbaínos, que no se pueden creer el haber remontado, y la estupefacción de los verdiblancos, que veían alejarse la Uefa a cada segundo que pasaba. 

Con el 4-4, mucha gente comenzó a marcharse, para evitarse los atascos, las colas, y el apelotonamiento de las salidas del campo. Y, para su desgracia, en el último minuto de ese partido, se vivió lo que para mí, humilde escribiente de este blog, es uno de los momentos más gloriosos que he vivido en ese campo. Vitolo recupera un balón por banda izquierda del campo, hace un pase hacia el interior que recoge Munitis, quién con su velocidad por aquél entonces agudísima,  avanza, para ya en la frontal hacer un pase al hueco para el Gigante Verde', para Nikola Zigic, el hombre gol, quién tras recortar ante Iraizoz, marcaba el definitivo 5-4. Los abrazos entre desconocios contrastan con las manos en la cabeza y alguna que otra lagrimilla. Algunas lágrimas de tristeza, otras de felicidad.


Tras esto, el partido finalizó. Los racinguistas nos fuimos henchidos de orgullo, y sabedores de que quizás, tuviéramos alguna opción de clasificarnos para la Uefa. Y además, acabábamos de ganar a uno de nuestros rivales territoriales por excelencia. Hubo quien dijo que aquél partido sólo significaron 3 puntos. Yo digo que de eso nada. Aquello fue un momentazo que sólo espero poder volver a repetir, como la última jornada de liga de la temporada siguiente. Pero eso es otra historia que ya contaré.

24 ago 2010

Racing 5 - 0 F.C. Barcelona




11 de febrero de 1995. Nuevos Campos de Sport del Sardinero. Ambientazo, con 23.000 espectadores para recibir al Dream Team de Johan Cruyff, debido a la necesidad de puntos que acuciaba a los cántabros, que pese al buen juego desplegado, no se veía recompensado con suficientes puntos para estar sin agobios. De hecho, el propio Tuto Sañudo, delegado del equipo por aquél entonces, aseguró poco después que aquél Racing jugaba muy bien, pero perdía casi siempre. Típico, por otro lado, de los equipos humildes.

Comenzaba el partido como todo el mundo esperaba, el Barcelona dominando, con alguna que otra ocasión en la portería defendida por José Ceballos, quien tuvo que emplearse en un par de acciones para evitar el gol culé. Stoichkov y Korneiev lo intentaban durante toda la primera parte. No obstante, saltó la sorpresa al filo del descanso. Radchenko coge el balón, y hace un pase al hueco, que deja a Esteban Torre solo en la frontal del área, desde donde fusila a Busquets de tiro cruzado. El Racing se adelantaba al vigente campeón de Liga (aunque un poco venido a menos esa temporada), al filo del descanso, con un gol de los que se llaman psicológicos. El descanso, momento del bocadillo, de la cervecita, sabía de rechupete a la parroquia racinguista que abarrotaba El Sardinero. Había que disfrutar mientras se pudiera el ir ganando a todo un Barcelona de Johann Cruyff, con Stoichkov, Guardiola, Ferrer,  y Bakero en el campo.

Y comenzó la segunda parte. Radchenko y Popov, el tándem más recordado de la historia del Racing tras el Dúo Sacapuntos, hacían lo que querían con la defensa blaugrana, que se afanaba en cubrir y presionar a los rusos. Y fue precisamente Popov, quien en el minuto 51, alcanza el balón en el lateral izquierdo del ataque cántabro, y cuelga un balón al segundo palo perfecto. A una buena altura, y con fuerza, para ponérselo fácil al rematador. Y, por allí, por el segundo palo, siguiendo la trayectoria del balón, apareció Quique Setién, el cerebro de aquel equipo. El alma máter racinguista, que cabeceaba a la red el servicio del ruso, imponiéndose al zaguero azulgrana, llamado Pep Guardiola (¿os suena?) y mandando a Busquets a recoger el balón al fondo de las mallas. Las avalancha del fondo norte denotaba las ganas y las ansias de victoria que tenía aquella afición y aquel equipo.

Transcurre el partido, y en el minuto 68, Radchenko (¡¿quién si no?!) inicia el contrataque, cediendo el balón a Esteban Torre que le dobla por banda izquierda. Penetra en el área y cuelga el balón al segundo palo, para que, Merino, quien años después sería el sucesor del capitán Quique Setién, empujara el balón a la red, de una manera no tan elegante como lo hizo Quique. No obstante, era el 3-0, y El Sardinero se venía abajo. Un Barcelona desquiciado, incapaz de detener a Popov y Radchenko, con un Esteban Torre y un Quique Setién estelar, veía como una marea verdiblanca les pasaba por encima y no podían remediarlo. La imagen de Busquets, levantándose del fondo de la porteria, agarrándose a las redes de la porteria, es la imagen de la derrota, de la rendición de un equipo que esa misma temporada ya había encajado 5 goles en un partido, contra el Real Madrid, para mas inri.

De hecho, esta sensación de rendición y de pérdida de concentración se refleja en la acción que da lugar al cuarto gol del Racing. Un pase por alto al área, al que Busquets pretende llegar para despejar, y que falla de una manera casi cómica, dejando el balón franco para Radchenko, sin portero, ni obstáculos para marcar. Y así lo hizo el ruso. Los medios se frotaban las manos ante tal resultado. El que el año pasado fuera el todopoderoso F.C. Barcelona, no era más que una mera comparsa en manos de aquel aguerrido conjunto montañés, que no mostraba piedad ni misericordia. 4-0, cuatro goles que iluminaron el rostro de toda Cantabria, que por fin podía mirar de tú a tú a Barcelona. Los niños racinguistas al día siguiente podrían, por fin, presumir en el colegio de que su equipo ganó a los culés. David ganaba a Goliath, y de manera amplia. Pero aquello no había terminado.

En el minuto 88, el Racing tenía un penalty a favor. Angoy, sustituyendo a Busquets, se puso bajo los palos. La afición racinguista no se podía creer lo que estaba viendo. Era un hito histórico. El encargado de lanzar el penalty, Dimitri Radchenko, sonreía a Angoy, y le pedía que se pusiera en su siti, bajo la portería. Radchenko engañó a Angoy, y marcó por el lado derecho del portero. La manita al Barça estaba completa. El público seguía pidiendo goles, la gente cantaba, y la ovación al terminar el partido fue atronadora, conscientes, todos los asistentes, de que aquello era una gesta difícilmente repetible. De hecho, (y si la documentación no está equivocada) sólo una vez el Racing le había marcado 5 goles al Barcelona, y fue un 5-1 en Copa del Rey, en la época de Rafael Alsúa. 





Durante una semana, Santander fue el centro del fútbol nacional. Algo lógico si tenemos en cuenta lo que gusta a la prensa las victorias de los humildes frente a los todopoderosos. Sólo he podido encontrar la portada de El Mundo Deportivo del domingo, 12 de febrero de 1995. 



Aquí tenéis un artículo de El País de ese mismo día, en el que se narra el partido, y se titula El Racing desangra al Barça. Lo dicho, el epicentro del deporte en este país, aunque sólo fuera por un día.

Y sí, lo habeis relacionado bien. Este año, el primer partido del Racing es contra el todopoderoso Barcelona de Pep Guardiola. Yo sólo espero que no hagamos el ridículo como el año pasado. Que hay que intentar que tengan un mal día luchando, y no rendirse. Que los grandes también lloran, y es absolutamente posible ganarles. Y eso daría ilusión a una afición desencantada actualmente con el Club gracias a unos dirigentes egoistas y una mala gestión en general. Yo tengo la ilusión de ganar. Veremos qué hacen los jugadores.